Nombre clave en la escena vitivinícola artesanal contemporánea, Angiolino Maule fundó en 2006 la asociación VinNatur, que él preside, cuyo propósito es apoyar la causa del vino natural, es decir, la historia y la cultura de cada lugar específico, respetando el valor social, biológico, ambiental y geológico de cada región, cada granja, cada viñedo, valores indispensables para la elaboración de vinos únicos y encantadores. VinNatur está actualmente involucrado en proyectos de investigación llevados a cabo por profesionales agrónomos con el objetivo de encontrar alternativas sostenibles y biodegradables al cobre y al azufre, elementos que incluso en la agricultura ecológica se siguen utilizando, y supervisar el conocimiento del impacto que la gestión de un viñedo en un año determinado tiene en el medio ambiente en general, incluidos los insectos, la salud del suelo y las hierbas espontáneas.
No fue, sin embargo, en el campo de la enología que Angiolino alcanzó por primera vez notoriedad, ya que todavía en los años 70 del siglo pasado su talento ya era evidente en el restaurante que dirigía con su esposa, Rosamaría. De hecho, serían los ahorros logrados con su trabajo en torno a las pizzas los que permitirían a la pareja, a mediados de los ochenta, adquirir un terreno de seis hectáreas en la sierra de Gambellara, en la zona montañosa del Véneto, situada a una altura entre los 90 y los 260 metros en relación con el nivel del mar. Además de viñedos, en La Biancara también hay olivos, así como una panoplia de frutas – higos, albaricoques, melocotones, cerezas– con las que se producen mermeladas, todas sin azúcar. Actualmente, Angiolino es ayudado, tanto en el viñedo como en la bodega, por sus hijos, Alessandro, Tommaso, Giacomo y Francesco.
El principio básico en La Biancara es no quitar ni añadir nada al vino, para que cada cosecha respete y refleje la singularidad del camino que la naturaleza diseñó para cada año específico – es de esta manera que cada vino de La Biancara expresa verdaderamente su personalidad única. Para que este escenario de biodinamismo tenga éxito, es importante que los distintos actores desempeñen sus funciones de la manera más meticulosa posible: el suelo se reequipa sistemáticamente a través de la siembra de cereales (avena, cebada) y legumbres (guisantes, frijoles, trébol) en espaciamientos alternos entre las hileras de viñedos; en la vendimia, la selección de racimos es juiciosa y la vendimia es manual; en la bodega, las fermentaciones son espontáneas, siempre con levaduras autóctonas de la uva; aún en la bodega, nunca se escatiman esfuerzos para lograr una limpieza completa, así como el máximo control del oxígeno y de la temperatura. Angiolino no se considera a sí mismo un extremista , simplemente afirma que nunca está completamente contento con lo que hace. Entonces, la búsqueda continúa.