El suroeste de Francia (Sud Ouest) es una región vinícola flanqueada a la izquierda por Burdeos y a la derecha por el Languedoc, por lo que sufre la yuxtaposición de influencias climáticas atlánticas y mediterráneas. La subregión de Gaillac, una meseta calcárea atravesada por el río Tarn, se sitúa a 60 kilómetros al nordeste de la ciudad de Toulouse, y es allí donde se encuentra una propiedad con cinco siglos de historia, el Domaine Gayrard.
Hace al menos unos 2000 años que se hace vino en Gaillac. Hacia 1950, Maurice Gayrard, que tenía en sus manos los destinos de la propiedad familiar, se convirtió en uno de los pioneros de la región en embotellar el vino que él mismo elaboraba. Sin embargo, en la década de los ochenta del siglo pasado, debido a una fuerte crisis vitivinícola en esta región, el Domaine Gayrard, con el fin de poder beneficiarse de las ayudas gubernamentales para el sector agrícola, tomó la decisión de abandonar la producción de vino y reorientar la actividad agrícola hacia la producción de cereales.
Fue ya en el presente siglo cuando el bisnieto de Maurice, Pierre, y su esposa, Laure, decidieron retomar la producción de vino. Para ello, reconvirtieron la viña que aún existía y en otros lugares plantaron variedades que definen el patrimonio ampelográfico de Gaillac, como mauzac, braucol, duras, fer servadou y loin de l'oeil, con el propósito de elaborar un vino que reflejara verdaderamente el espíritu de su tierra. Para lograr ese objetivo, adoptaron prácticas agrícolas artesanales y sostenibles, obteniendo posteriormente tanto la certificación orgánica, en 2016, como la certificación biodinámica, en 2019. Las viñas se mantienen así en un equilibrio ambiental entre tierra, fauna y flora.
En la bodega, el trabajo se realiza siguiendo las reglas más elementales de la gravedad, con el fin de preservar la calidad de las uvas hasta el momento de ser prensadas y de que comiencen las fermentaciones, que son desencadenadas precisamente por la acción de las levaduras presentes en las uvas. Pierre y Laure vinifican cada parcela por separado, para poder valorar con mayor precisión las características de cada una de ellas. Casi todos sus vinos son monovarietales. Los materiales utilizados para las fermentaciones y las crianzas son el cemento, el acero inoxidable y la madera. El gran objetivo es promover la biodiversidad de su propiedad, que figura como Patrimonio Mundial de la UNESCO.