Nuria Renom nació en la ciudad de Buenos Aires, pero como su padre es catalán, estudió en la Universidad de Barcelona, estando a un paso de convertirse en veterinaria. Fue precisamente en el contexto de su formación escolar que, a través del programa Erasmus, pasó una temporada en la famosa región italiana de la Toscana, donde descubrió y se enamoró de algo que cambiaría el rumbo de su vida y que considera ser un amor cuya llama perdurará toda tu vida: el vino.
Comenzó en 2008 sus estudios de Sommelier, aunque cambió la hostelería para vendimiar en regiones tan diversas como Estados Unidos, Nueva Zelanda y Francia, profundizando su relación con los viñedos, intuyendo la importancia del ecosistema en la elaboración del vino. Finalmente volvió a Barcelona a finales del 2012 para enseñar en la escuela de Hostelería y con el sueño de hacer vino, pero el destino le había reservado otra puerta de entrada a la escena vinícola catalana: el ahora mítico Bar Brutal. Nuria asumió desde el primer momento la función de sumiller, contribuyendo inmensamente a la transformación de este bar de vinos naturales en uno de los más icónicos del mundo.
En 2014, paralelamente a su trabajo como sumiller y docente, logró alquilar media hectárea de un viñedo compuesto por merlot y syrah y, realizando un trabajo exclusivamente manual, comenzó así la producción de su propio vino. A partir de 2015 empezó a comprar uva a los productores locales que más admiraba y amplió su producción.
En 2021 se produjo un gran cambio en la vida de Núria al adquirir una propiedad que, además de incluir una antigua casa que necesitaba ser recuperada, también incluía viñedos en vaso, algunos plantados hace más de 80 años, en su mayoría de parellada pero también de macabeu y otras variedades de uva. Asumiéndose como una enamorada confesa de los vinos espumosos, Nuria consideró fundamental para su elección el entorno geológico de esta propiedad, ya que se encuentra en el municipio de Sant Martí Sarroca, en la Sierra Prelitoral, un macizo calizo de origen jurásico (150 millones de años atrás) que, debido a una altitud de 420 metros y con orientación norte, permite a las uvas maduraciones prolongadas y consecuente preservación de la acidez, característica fundamental de la composición de los vinos y ancestrales de Nuria.
En el trabajo diario que realiza en el viñedo, Nuria busca sobre todo valorizar la tierra y su fruto, y trabajar los viñedos con todo el respeto. Quizás por la influencia de su experiencia como sumiller - en que tenía que comprender la esencia del cliente para poder presentarle un vino que correspondiera a las suyas expectativas – Nuria siempre trata de “escuchar” lo que intentan las uvas sanas transmitirle cuando entran en la bodega.., es decir, intenta entender cuál es la forma correcta de expresar el carácter y la identidad de las uvas. Como dice Nuria, “trato de hablar con las plantas y preguntarles: ¿qué quieres ser?”.